Es un tratamiento ultraconservador basado en la aplicación de agentes blanqueantes con diferentes concentraciones que se descomponen en radicales de agua y radicales libres de perhidroxilos y que son capaces de actuar tanto en el exterior como en el interior del diente, blanqueando así el esmalte y la dentina, estructuras de las que depende el color de los dientes.

Generalmente el tratamiento de blanqueamiento dental efectuado por un odontólogo especialista no provoca dolor, abrasión dentaria (desgaste), como así tampoco debilita los dientes si se efectúa de manera correcta.

Aunque el color de los dientes está determinado genéticamente, la tonalidad de éstos se mide a través de guías de colores estandarizadas que van desde el más blanco hasta el más oscuro hasta alcanzar un máximo de 15 tonalidades. La más conocida es la "Lumin Vacuum" (guía Vita). Gracias a un blanqueamiento podemos reducir entre 5 y 14 tonos, lo que significa que una sonrisa muy amarillenta o grisácea puede volver a lucir su blanco original.

Existen dos tipos de blanqueamiento: externo e interno.

El blanqueamiento externo es el más habitual y el que se realiza sobre dientes vitales (sin endodoncias). Consiste en la aplicación de sustancias sobre la parte externa de la pieza dental.

El blanqueamiento interno es aquel que se realiza sobre dientes no vitales, es decir que ya tienen realizado un tratamiento de conducto, aplicando el producto por dentro del diente y pudiendo complementar este tratamiento con el blanqueamiento externo.